lunes, 19 de julio de 2010

Debatiendo

¿Quien ganó? se preguntaban al día siguiente los medios. Bueno, pues yo creo que nadie (porque el debate fue bastante gris) y todos (porque debatir siempre está bien).
Lo que más me llamó la atención fue aquello de la nación, porque efectivamente, no quedó claro cual era la nación sobre la que se debatía, si España o Cataluña. Claro, que no cabe duda que las elecciones catalanas condicionaron bastante el tema.
Tengo para mí que se puede estar abriendo el melón independentista lo cual, dicho sea de paso, no es ni bueno ni malo. Lo digo porque antes se hablaba de catalanistas y nacionalistas, pero ahora se ha dado un paso más y se ha de pronunciar uno como nacionalista o como independentista. De hecho, en el Tour de Francia, las pancartas de los presos de ETA parecen haber sido sustituidas por las banderas esteladas.
Y digo que no es ni bueno ni malo si el debate se hace de manera civilizada y con todas las cartas sobre la mesa. Lo que quiero decir es que está muy bien gritar que se quiere ser independiente, pero hay que hacerlo con todas las consecuencias, a saber:
1ª Sería importante que alguien les explicara a los que el otro día en la manifestación llevaban pancartas pidiendo una UE de 28 países, que la independencia de Cataluña supone salirse de la UE, y que para entrar se necesita el voto unánime de los 27 miembros, entre ellos el reino de España, firmante de la adhesión.
2ª También habrá que explicar lo que eso supone en cuanto a relaciones comerciales con el resto de España (aranceles a los productos catalanes, uso de moneda propia o del euro, pero sometidos por tanto al BCE, costes administrativos de las relaciones exteriores que ahora asume el Estado...).
3ª Debe hacerse un referendum en Cataluña, pero también en el resto de España porque habrá que cambiar la Constitución (que por cierto, es la que le da actualmente todas sus competencias al Sr. Montilla y a la Generalitat)
Así, se me ocurren otras muchas cosas que deberían ponerse de manifiesto en ese debate que debería terminar, de una vez por todas, con la independencia catalana (y de cuantos quisieran dar el paso adelante) o con un cierto silencio por su parte, que la cosa ya cansa.
No creo que esto suceda, o al menos, no creo que mi generación lo vea. Lo que sí tengo claro es que fue lo más interesante del debate sobre el estado de la nación española. El resto, lo resumió muy bien Llamazares en tres palabras: lo de siempre.

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