jueves, 14 de julio de 2011

Repetición

Leía hoy un libro en el que Niño Becerra explicaba en egos párrafos la situación económica de los años veinte previa al crash del 29:
...la mala distribución de la renta -el 10% de la población estadounidense controlaba el 50% de la renta total- hacía que la mayor parte del consumo se realizara a base de crédito, un crédito que fue no sólo permitido sino fomentado, al igual que gran parte de las compras de las participaciones de capital que se pusieron a la venta en los mercados. Esta enorme demanda de crédito llevó a que las instituciones bancarias -muchas con una estructura reducida- entraran en competencia a fin de conseguir créditos, muchos de los cuales eran de muy alto riesgo.
A lo anterior se unió -en una situación de práctica ausencia de ahorro- la urgencia de obtener beneficios por parte de las compañías a fin de mejorar sus inversiones en bienes de capital y, por tanto, la valoración que pudieran hacer posibles compradores de sus futuras emisiones de acciones; ello llevó a numerosas compañías a realizar inversiones no planificadas, lo que fue generando estructuras productivas no convenientes y niveles de existencias desmesurados.
Lentamente fue instaurándose una atmósfera de crisis en medio de una situación especulativa desquiciada, donde el comercio internacional y las inversiones exteriores comportaban que las economías mundiales fuesen cada vez más y más interdependientes, y en la que la ciencia económica tenía muy poco que decir, pues las recetas de los economistas clásicos desconocían el funcionamiento de las economías en su conjunto en situaciones de creciente interpenetración.
El desencadenante de la crisis estuvo en el agotamiento de la capacidad de endeudamiento de los consumidores debido a la creciente -y necesaria- demanda de créditos, lo que ocasionó impagos y un brusco descenso en la demanda de nuevos créditos, lo que llevó a un hundimiento del consumo que afectó de lleno a las compañías industriales, que vieron acrecentado el problema al mantener elevados niveles de existencias en sus almacenes debido a las anteriores expectativas de alzas en el consumo.
Las compañías industriales se vieron obligadas a reducir drásticamente la producción o bien paralizarla por completo, lo que generó oleadas de impagos al no poder afrontar ni los pagos a sus proveedores, ni los pagos de los créditos banca-rios. Como consecuencia se produjo el hundimiento en la cotización de sus acciones
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Me ha sonado demasiado familiar.

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