Hace algún tiempo se levantó una cierta humareda cuando un alto cargo de la administración Bush habló de nuestro continente con un cierto tono despectivo haciendo mención a la vieja europa, con sus aires rancios.
Hoy, sin embargo, al volver de Paris, ver a la Merkel en las portadas de los diarios, a mis compañeros funcionarios llamando a la huelga como en los inicios del siglo XX me doy cuenta de que ese es nuestro problema: estamos mayores.
Pero estamos mayores como sociedad, con todos los males y los achaques de la edad, pero sin ninguna de las virtudes que adornan la experiencia.
Nuestra Europa está mayor porque nos engañamos creyendo ser los jóvenes que un día gobernaron el mundo y no los ancianos consumistas que dependemos de papá chino y mamá india. Porque nos creemos con derecho a todo porque ya hemos trabajado mucho durante siglos y ahora nos toca que nos cuiden. Porque pensamos que ya no toca trabajar, sino disfrutar de lo cosechado y solazarnos en nuestrodiario hedonismo.
Mas ahí está el problema, que nuestra europa está mayor, pero los europeos que la conformamos somos de todas las edades. Y no somos capaces de arremangarnos y ponernos a trabajar codo con codo porque llevamos muchos años creyéndonos el ombligo del mundo y creando un estado del bienestar que es ficticio. Y es que no es estado del bienestar el que protege a un parado que cobra paro prefier trabajr con dinero negro porque así sigue cobrandolo (porque piensa que tiene derecho). Y es que no es estado de bienestar el que reparte 400 euros sin ton ni son, porque sí, sin preguntar si se necesitan por sus perceptores o no. Y es que no es estado de bienestar el que se gasta el dinero en que se puedan usar cuatro lenguas, cuando todos nos entendemos perfectamente con una. Y es que.... ¡señores, que no hay, que no queda dinero! ¡Que hay que empezar a olvidarse de que yo tengo derecho a... porque no hay con qué pagarlo! ¡ Que en tiempo de bonanza está bien querer pagrnos las frivolidades, pero en tiempos de crisis hay que apretarse el cinturón!
Como le digo a mis hijos cuando piden algo superfluo e innecesario, ¡ que yo quiero un descapotable! Pero ahora no toca.
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