lunes, 28 de marzo de 2011
Cultura
Paseo hoy por Viena y me encuentro una tras otra, hasta siete librerías en apenas trescientos metros. Y más allá otra. Y otra más en la siguiente calles. Y así sin parar. De ese modo me doy cuenta, entre palacios imperiales, que los pueblos cultos demandan cultura. Y siento envidia. Envidia de ver como se demanda la lectura, cómo en una ciudad se percibe, se huele la cultura. Me acuerdo de nuestro museo del Prado, y de una funcionaria ipertérrita mirando a mi hija Luna, con cinco años y un berrinche inconsolable porque aquella señora no le dejaba pasar dos minutos a ver las Meninas. Y me acuerdo de mi amigo Eduardo diciendo que habría que grabar un video para mandárselo a la Ministra. Estoy en Viena y me precibo europeo, pero ¡qué lejos estamos todavía!
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Marina me decía hace años que perdimos una buena oportunidad cuando en España se prefirió a Fernando VII y a la Iglesia y a todo lo más rancio de principios del XIX, a Napoleón y Europa y la Ilustración y la Enciclopedia.
ResponderEliminarSeguramente tenía razón.
Y también hemos perdido una oportunidad cada vez que quienes nos gobiernan no han sabido / querido hacer un gran pacto sobre la educación por encima de ideologías y supersticiones...
Este gobierno no lo ha hecho, el anterior tampoco... y venga quien venga, me temo que el siguiente no va a ser el primero en hacerlo...
La verdad es que me siento presente en este texto de Fernando y en el de Román, sobre todo porque pienso que leer es fundamental y que estamos perdiendo su magia.
ResponderEliminar¡Hala, qué animales! ¡Siete librerías en apenas trescientos metros! ¡Y más allá otra! ¡Y otra más en la siguiente calle! ¡Y así sin parar! Claro, seguro que los austriacos tienen unos bosques estupendos y en el Amazonas y en Indonesia que les (nos) den. Y mientras nuestras casitas occidentales llenas de libros que vamos a leer una vez en la vida (salvo si son regalos de Navidad obligados, que no los leeremos nunca). Al Dan Brown y a la Rowling habría que llevarlos al Tribunal Internacional de Delitos Ecológicos. ¡Abajo las librerías! ¡Arriba las bibliotecas!
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