miércoles, 5 de mayo de 2010

Corruptelas

Problemas con la conexión, viajes, demasiado tiempo sin escribir. Sin embargo, hoy en el avión me he pegado una panzada de periódicos y he visto un articulillo de Victor Lapuente que contaba cosas interesantes sobre la corrupción, que creo que conviene analizar.
Son tres las claves que menciona como facilitadoras de un sistema corrupto:
1) Redes clientelares por una Administración descentralizada. Suele ser más sencillo "colocar" a tus deudos en las pequeñas administraciones locales o en las autonómicas que buscarles un acomodo en la Administración del Estado. Estoy hablando de que en el BOE hoy apenas salen plaza estatales, pero Ayuntamientos y Comunidades van incrementando sus funcionarios, que no dejan de ser sino clientes del cacique local.Por no hablar de esas maravillas en el gasto que son las televisiones autonómicas y locales.
2) Un sistema electoral de listas cerradas no motiva a ser honesto. La responsabilidad individual se diluye dentro de la imagen del partido y como el partido tiene un voto absolutamente cautivo, al final vemos que no se castiga al sujeto. Si a ello le añadimos unas circuscripciones electorales muy pequeñas que favorecen el bipartidismo y dificultan la entrada de nuevos partidos con aires renovados, resulta bastante complejo echar de las instituciones a los políticos corruptos.
3) Finalmente, la falta de medios de comunicación independientes, complica aun más la situación. Tenemos una pluralidad de medios, pero sin apenas pluralidad interna en cada uno de ellos. El resultado es que cada uno lee y escucha lo que quiere leer y escuchar, y los suyos siempre son buenos y los otros son corruptos.
Creo que el análisis es bastante certero, pero lo más preocupante es que cuando uno mira las medidas que nuestro amado gobierno y nuestra no menos querida oposición propugnan, se da cuenta de que van en sentido contrario. Se desprestigia la Administración en lugar de fortalecerla; se da más fuerza a los partidos en lugar de a los individuos; y se trata de reducir la pluralidad de los medios de comunicación.
Terminaré citando a Joan Baez: "Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella"

jueves, 22 de abril de 2010

De jueces, togas y lodos

Lo prometido es deuda, así que empezaré a esbozar mi opinión sobre lo que está pasando con la justicia en esta, nuestra España. Por comenzar por alguna parte, habrá que charlar del Constitucional.
Naturalmente, líbreme Dios de hablar sobre la constitucionalidad del tan cacareado Estatut, que si los altos magistrados de la nación no son capaces de saberlo, menos aún un tipo normal como yo. Claro, que a lo mejor ellos sí saben si la norma cumple o no con la Carta Magna, pero ¿por qué no lo dicen?
Y ahí entramos de verdad en el problema. Yo no conozco la forma de renovación del Tribunal Constitucional en otros países, pero está claro que aquí hay algo que no está bien. Cuando Monstesquieu ideó la separación de los poderes del Estado en tres, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, que a su vez se controlaran unos a otros, la cosa parecía buena, más aún viniendo de donde veníamos. Sin embargo, cuando observamos la realidad española da la impresión de que aquí la cosa no cuadra.
Veamos. Un señor sale elegido candidato de su partido (me da igual las siglas). Cuando dicho partido obtiene el mayor número de escaños en las elecciones ese señor se convierte en presidente del gobierno, es decir, del Ejecutivo. En el congreso, los diputados de ese señor votan todos a una lo que él impone, porque de ese modo en las próximas elecciones irán en la lista de candidatos, con lo cual no termino de ver claro el control del legislativo al ejecutivo. Finalmente, resulta que los máximos organismos del judicial se han de elegir con determinadas mayorías del congreso, que hace lo que dicen dos señores (el que manda y el que dice oponérsele), por lo que al final le acaban debiendo el sueldo a aquel tipo que salió elegido candidato del partido.
Más tarde llega la hora de trabajar. Aquellos señores que fueron nombrados para decidir qué normas cumplen y cuales no con la constitución se debaten entre dos aguas. Por un lado son JUECES INDEPENDIENTES QUE SOLO SE SOMETEN AL IMPERIO DE LA LEY, pero por otro son simples mortales que han de llegar a fin de mes. Por eso, cuando aquellos que les nombraron necesitan de sus servicios, su bipolaridad adquiere tintes dramáticos, ya que se debaten entre lo que dice la ley objetivamente y lo que ellos creen en su interior.
El resultado es que tenemos un sistema que no funciona, donde los ciudadanos tenemos la sensación de que aquí sólo manda una oligarquía que maneja a su antojo los resortes del estado y en la que se mantiene un status quo que en nada nos beneficia ... salvo a ellos.
¿La solución? Pues volver a los orígenes, a Montesquieu. Lograr una independencia real del poder judicial que ha de comenzar por ellos mismos, dejando claro que no se deben a nadie, sino tan sólo a lo que dice la ley. Cuando llegue el día en que los periódicos no sean capaces de augurar hacia qué lado se decantará el voto de cada uno de los miembros de una sala judicial, habremos dado un gran paso para la auténtica democracia. Hasta entonces, esperaremos sentencia, aunque ellos están sentenciados.

martes, 13 de abril de 2010

cuentos

Antes de que se me tache de nada, quiero dejar claro que desde mi punto de vista en esta sociedad no existe realmente igualdad, y que hay que luchar por ella.
Sin embargo, ¿no hay un cierto tono orwelliano en la sugerencia de no leer Blancanieves o Cenicienta?¿Tal vez Alonso no debió ir nunca al Monte de las Ánimas a buscar la prenda de su amada y debió enviarla a ella?¿Veremos a Bibiana haciendo una hoguera en compañía del ama del hidalgo Quijano quemando todos los cuentos de Disney?
Tratemos de luchar por un mundo más igualitario, pero hagamoslo desde el sentido común, por favor.

viernes, 9 de abril de 2010

Valores

Me he encontrado un artículo de Leopoldo Abadía (http://www.cotizalia.com/desde-san-quirico/punto-llegar-bueno-20100409.html) que me ha hecho reflexionar una vez más, como casi siempre consigue hacer este señor.

Me da la impresión de que no estamos aprendiendo nada de esta crisis en la que nos hallamos, que sólo estamos trampeándola, para ver como salimos de ella y empezar nuevamente con las andadas que a ella nos llevaron.
Por eso me gusta el artículo que os recomiendo, porque más allá del judeocristianismo que pueda impregnar nuestra forma de vida (lo bueno y lo malo, el cielo y el infierno...)creo que esta crisis es sobre todo una crisis de valores. No me estoy refiriendo a las familias de tal o de cual forma, ni a si el aborto hasta aquí o hasta allá. Estoy hablando del valor del esfuerzo, del trabajo, del día a día para construir algo grande.
Me da la impresión de que en occidente dejamos atrás hace tiempo aquello de trabajar para conseguir algo, y creo que en esta España nuestra aún más.De un tiempo a esta parte prima más la cultura "olímpica": más alto, más rápido y más fuerte. Cuanto más alto suba y más rápido lo haga, más fuerte seré y con mayor motivo podré mirar al resto del mundo desde mi azotea dorada. Pero no me he dado cuenta de que allí, en la azotea estoy sól, y que he hecho mucho daño para llegar allí.
Yo, particularmente, he visto trabajar a mi padre muy duro desde siempre, y eso que he aprendido; aunque a veces la letra con sangre entra. Lástima que muchos de los nuevos ricos no lo tuvieran a él de ejemplo.
Si la banca, los políticos, los sindicatos, la superpatronal y la sociedad entera reflexionara sobre el valor del trabajo y el esfuerzo, entonces sí que saldriamos de esta pronto, y reforzados.
Mañana prometo hablar de Garzón y los jueces, que me están entrando ganas.

martes, 6 de abril de 2010

La Caja de todos

Hoy, noticia a toda plana con el tema del sumario del caso Gurtel. Me doy cuenta de que cuando leo el periódico me interesan las páginas de nacional, internacional, opinión, pero siempre me salto las de la sección de corrupción. Entonces me enfado conmigo mismo, porque no debería dar por sentado que hay unos cuantos tipos robándome. Sí, sí, me roban a mí, y a ti y a vosotros y a todos los que estamos sosteniendo este país; y me da igual el partido del que sean. Y lo peor de todo es que estamos anestesiados.
Ahora mismo somos una sociedad mucho más preocupada por si Messi es mejor que Cristiano, o si la Esteban ha mejorado con su cirugía, que por lo que realmente debiera importarnos. No podemos ser una sociedad que asume que existe una casta de mangantes que vienen a enriquecerse a costa de nuestros votos. Cuando eso sucede, nos estamos acercando al abismo.
Si el día que se entrega el sumario del Gurtel, aparece la noticia de que hay más de 30.000 parados más, no debemos callarnos. Somos una sociedad aborregada, en la que nadie alza la voz para denunciar la desidia que nos gobierna, en que los que lo hacen son acallados de inmediato tachados de insensatos por algo tan sensato como querer que las cosas cambien, que vayan mejor. Me parece que cuando eso sucede, debemos echarnos a temblar.
Ya oigo amigos que hablan de irse de este país que no los quiere, que se quejan de la protección a los chorizos en este estado garantista frente a la esquilmación diaria que sufre el ciudadano cumplidor, que ven impotentes como una casta política se lucra a su costa mientras ellos las pasan canutas para llegar a fin de mes. Y no pasa nada. No pasa nada.
Una sociedad así, dormida, anestesiada, hipnotizada por los medios con dosis de fútbol y corazón a partes iguales no va a ningún sitio, no progresa; simplemente continua con un diario quehacer que no la lleva a ninguna parte.
Al final siempre hay que recordar a los clásicos. Decía Ortega que en España en los últimos doscientos años siempre han mandado los mismo, y me da la impresión de que van a seguir haciéndolo los próximos doscientos años sin que nosotros hagamos nada para remediarlo.

lunes, 29 de marzo de 2010

Educación (3)

Esta maravilla de artículo de Elvira Lindo publicado el domingo (http://www.elpais.com/articulo/opinion/culpa/elpepusocdgm/20100328elpdmgpan_2/Tes) me sirve de punto de partida para empezar a hablar de la educación de nuestros niños, tratando de buscar las raíces de algunos de nuestros males actuales.
Estoy haciendo memoria sobre los tres años de mi hija en infantil y los dos que ya lleva el otro, y voy recordando bastantes cosas que he visto y que no me han gustado. Sin embargo me doy cuenta de que las docentes que han tenido han sido y son unas profesionales de tomo y lomo. Es cierto que el sistema puede estar mejor o peor, que podemos discutir si hay que dar la religión en clase o en casa, osi se pasa de curso con uno, dos o más suspensos, pero como punto de partida tengo que decir que mis hijos han tenido suerte con sus maestras.
¿Donde empiezan los problemas? Pues en los padres, claro está. Ya he dicho en algún otro lado que en las tribus africanas se tiene muy arraigado el hecho de que la educación es cosa de toda la tribu. Sin embargo, en la "civilizada" España no parece considerarse así.
He visto a muchos padres dejar toda la educación de sus angelitos en manos del colegio, ya que ellos están exclusivamente para los caprichos de la criatura, para sobreponderarlos y sobreprotegerlos, como menciona Elvira en su artículo. (Por cierto, perdón a quien se sienta ofendido por el lenguaje sexista de usar la palabra padres y no el habitual padres/madres, o el igual de sexista madres, pero es lo que me enseñaron). He visto a otros discutir la autoridad del profesor porque está regañando a sus hijos por algo tan obvio como no seguir las normas del centro. He escuchado a padres poniendo a caldo a la maestra de mi hija por ser muy seria y no tratar con más cariño a los niños. ¡Pero bueno, si yo lo que quiero es que les enseñe, no que les de cariño que de eso ya me encargo yo!
Y, por favor, no estoy hablando de que quiero que nuestra escuela sea uno de esos antiguos internados religiosos con castigos corporales y temor en los alumnos. Sólo creo que si no empezamos en casa a ponderar la labor del docente, a respetarlo como se merece quien es un transmisor de conocimiento y a colaborar con él en la tarea de formar a nuestras futuras generaciones, jamás lograremos de nuestros niños el respeto y admiración con que se debe recorrer el arduo y sinuoso, pero a la vez gratificante, sendero del conocimiento.
Cuando nos hayamos concienciado de que la tarea de educar está por encima de todo, y que todos los que están dedicados a ello deben siempre contar con nuestro apoyo. Cuando dejemos de darle la razón a nuestros hijos frente al profesorado, y volvamos a aquello de que "si el maestro te regañó, algo habrás hecho", sin que ello sea óbice para que comentemos con el profesor algo en privado cuando no nos guste. Cuando desterremos de nuestra sociedad esas actitudes despectivas con la docencia y seamos colaboradores y no rivales de nuestros maestros, entonces podremos empezar a hablar de la educación que queremos para nuestros hijos.
Yo ya he intentado ponerme a ello, a ver si voy consiguiendo apoyos para la causa.

lunes, 22 de marzo de 2010

D´hont

Parece claro que tenemos un sistema electoral imperfecto, fruto del momento en que se gestó y que hoy día, desde todas partes, no deja de hablarse de la necesidad de reformarse. Bueno, en realidad, desde todas partes no, sino que hay un par de pseudoorganizaciones que se oponen radicalmente a su modificación, y el problema es que son ellos los únicos que pueden cambiarlo (al menos hasta la llegada de la rebelión social).
Parece ser que PSOE y PP andan pactando una reforma (más bien pequeña modificación) de la Ley Electoral, pero que nadie se preocupe, que no van a cambiar nada en lo sustancial. El resumen es que dos grandes partidos se reparten casi todo el pastel (oh casualidad, son ellos) y le dejan un trocito a los colegas nacionalistas que subastan su apoyo por un poco más de pasta. ¿Y luego se preguntan como es posible que no nos sintamos cerca de ellos?
He leído recientemente un artículo sobre el parlamento inglés, con doscientos años de democracia a sus espaldas. Al parecer allí los bancos enfrentados que vemos en las películas apenas dan a basto para los 600 parlamentarios cuando todos ellos deciden ir a votar. Además, cuando se ha planteado reformarlo e instalar cómodos sillones con micrófonos y tecnologías a la última, nunca se ha realizado cambio alguno, y es que al parecer en esa estructura hay buena parte del éxito. Es extraño ver a más de trescientos diputados porque sencillamente, apenas caben. Eso ya hace en cierta medida algo más imprevisibles las votaciones. No se leen los discursos tan a menudo como vemos en San Jerónimo. Un diputado puede votar en contra de lo que vote su partido, porque ¡asombroso!, resulta más importante la opinión de sus electores que la de los jerifaltes del partido.En fin, ya sé, suena extraño.
Mientras aquí, los votantes de IU y los de UPyD seguirán sintiéndose estafados porque están menos representados que los de PNV o CIU, aun con muchos más votos. Consecuencia de la ley D´hont es que mi voto no vale lo mismo que el de unn vecino de Barcelona, y el suyo no vale lo mismo que le de mi prima de Cuenca. ¿Es eso democracia?¿No son todos los votos iguales?
Creo que empieza a resultar imprescindible que les hagamos saber a los dos partidos que dicen que pueden gobernar que queremos que cambien una ley que nació para consolidar una democracia en pañales, pero que hoy en día está superada por los acontecimientos.
Por favor, ¡cambien la Ley Electoral! ¡Circunscripción única! ¡Listas abiertas! ¡Financiación de los partidos por sus afiliados! Un hombre (en genérico, por favor, no se me ofendan), un voto ... pero todos iguales.